Antecedentes / Hasta 1916

 

 

 

Breve reseña de la Organización Territorial.
Durante la primera colonización española, nuestro territorio, dependiente del Virreinato del Alto Perú, mantuvo principalmente economías regionales de subsistencia, cuyos excedentes eran intercambiados en la propia zona. La primera ocupación del territorio fue llevada a cabo en sitios relacionados con asentamientos indígenas a través de la política de poblamiento desarrollada por la corona española.
En sus comienzos el crecimiento de la ciudad fue muy lento, pero hacia 1650,  Buenos Aires tenía más de 250 manzanas y aproximadamente 2000 habitantes.
Mayo de 1810 marca la ruptura del eje Potosí - Buenos Aires y, debido al corte del comercio con el Alto Perú, las economías regionales de subsistencia cayeron paulatinamente. El proceso de centralización en torno del puerto de Buenos Aires se fue consolidando y, ya en 1822, la ciudad contaba con 600 manzanas. De los 2000 que en un principio habitaron casas de techo de paja y muros de adobe crudo, el número aumentó a 55.400 que se distribuían en casas compactas con patio interior y fueron reemplazando la paja por tejas y el adobe crudo por ladrillo cocido.
En el marco de un modelo económico agro-exportador, el mercado de exportación de materias primas se desarrolló rápidamente gracias a la creciente demanda de países europeos industrializados. Esto, conjuntamente con la extensión de las vías del ferrocarril, determinó la supremacía de la zona porteña y la consecuente postergación del interior del país.
Hacia 1870, las casas de más de un piso se mezclaban con residencias de hasta 6 pisos y la población de la Ciudad de Buenos Aires había crecido a 180.000 habitantes. Desde 1880 el crecimiento poblacional fue vertiginoso, para el año 1914 la población había superado el millón y el promedio de habitantes por vivienda aumentó de 8,97 -en 1869- a 11,90.
Inmigración
Entre 1869 y 1887, se produjo la primera llegada masiva de inmigrantes a la ciudad, que para entonces contaba con buena capacidad habitacional. Sin embargo, el crecimiento desequilibrado al tiempo que benefició a una parte de las minorías porteñas, generó la marginación de determinados sectores sociales. Cuando la avalancha inmigratoria dio lugar al vertiginoso proceso de urbanización -que tuvo como resultado la tugurización de áreas centrales y la aparición de conventillos, slums y ranchos- el tema de la vivienda popular comenzó a inquietar el espíritu y la inteligencia de los argentinos.
Coexistían entonces, la Argentina exportadora de cereales, carnes y frutos liderada por la burguesía terrateniente y la masa de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes, que generaba una nueva conciencia social. Su contenido ideológico se expresó no sólo en lo doméstico, sino también en las producciones artísticas (en la pintura, por ejemplo, se puede observar cómo de los apacibles retratos de Pueyrredón se pasa al inquietante “Sin pan y sin trabajo” de De la Cárcova).
Por otro lado, la trágica mortalidad generada por la fiebre amarilla de 1871 tuvo decisivo impacto en las urgencias por adoptar planteos higienistas que perfeccionaran los sistemas de infraestructura y equipamiento de los distritos centrales en las ciudades del litoral argentino (desde Buenos Aires a  Corrientes).
A la vez, el déficit habitacional motivó el aumento de los alquileres y produjo que en 1907 los inquilinos se manifestaran con una prolongada huelga, lo que requirió la inminente supervisión del Estado. La alta concentración de la población producida por la llegada de grandes masas de inmigrantes a las ciudades que no estaban preparadas para recibirlos, hizo visible la falta de una política explícita para estos asentamientos. Es esta falta de planificación en política habitacional la que produjo una densificación y hacinamiento de los inmigrantes en un hábitat insalubre, que atentaba  contra el higienismo defendido e impulsado por el Dr. Rawson y Eduardo Wilde en este período.
Antecedentes de la vivienda social
En este contexto surge el concepto de vivienda social, pero no fue hasta la década del ‘80 que el Municipio, a impulsos de Rawson y el intendente Torcuato de Alvear, intentó realizar el primer esfuerzo concreto por solucionar la problemática: como respuesta a este fenómeno, se construyeron barrios, conjuntos y las primeras “mansiones obreras”.
A través de la Municipalidad de Buenos Aires, por acción directa del Estado, se construyeron 3 barrios de viviendas económicas:
El primero, diseñado por el arquitecto Juan Buschiazzo, fue construido en 1886 en el área que delimitan las calles Larrea, Azcuénaga, Melo y Las Heras, y se lo bautizó con el nombre de “Ciudad Obrera Municipal”. Si bien inicialmente fue pensado como residencia de los sectores obreros, el elevado precio del alquiler hizo que fueran los empleados con un nivel de ingresos medios los que accedieron a las 60 viviendas construidas.
El “Barrio Butteler” fue construido en 1907, entre las calles Cobo, Senillosa, Zelarrayán y Av. La Plata, y contaba con 64 viviendas individuales.
El “Barrio Patricios” situado entre las calles Cachi, Arena, Aconcagua y San Francisco, tenía 116 viviendas individuales y se inauguró en el año del centenario (1910).
Al mismo tiempo, la Cooperativa del Hogar Obrero fundada en 1905 construyó sus primeras 4 viviendas en 1907, en la calle Escalada 42 y 64, dos de las cuales actualmente se pueden encontrar con alguna modificación.
El primer antecedente de Ley relacionado a la vivienda social apareció con la sanción de la Ley de casas baratas en 1905, destinada a “obreros jornaleros o empleados de pequeños sueldos”. Durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña en (1910-1914), se autorizó al Banco Hipotecario Nacional (BHN) a otorgar préstamos para la vivienda y se creo la Comisión Nacional de Casas Baratas, que tuvo vigencia hasta 1945.
Todas estas medidas resultaron insuficientes para paliar el déficit habitacional.
Breve reseña de la Organización Territorial
 
Durante la primera colonización española, nuestro territorio, dependiente del Virreinato del Alto Perú, mantuvo principalmente economías regionales de subsistencia, cuyos excedentes eran intercambiados en la propia zona. La primera ocupación del territorio fue llevada a cabo en sitios relacionados con asentamientos indígenas a través de la política de poblamiento desarrollada por la corona española. En sus comienzos el crecimiento de la ciudad fue muy lento, pero hacia 1650,  Buenos Aires tenía más de 250 manzanas y aproximadamente 2000 habitantes. 
Mayo de 1810 marca la ruptura del eje Potosí - Buenos Aires y, debido al corte del comercio con el Alto Perú, las economías regionales de subsistencia cayeron paulatinamente. El proceso de centralización en torno del puerto de Buenos Aires se fue consolidando y, ya en 1822, la ciudad contaba con 600 manzanas. De los 2000 que en un principio habitaron casas de techo de paja y muros de adobe crudo, el número aumentó a 55.400 que se distribuían en casas compactas con patio interior y fueron reemplazando la paja por tejas y el adobe crudo por ladrillo cocido.

En el marco de un modelo económico agro-exportador, el mercado de exportación de materias primas se desarrolló rápidamente gracias a la creciente demanda de países europeos industrializados. Esto, conjuntamente con la extensión de las vías del ferrocarril, determinó la supremacía de la zona porteña y la consecuente postergación del interior del país. 

Hacia 1870, las casas de más de un piso se mezclaban con residencias de hasta 6 pisos y la población de la Ciudad de Buenos Aires había crecido a 180.000 habitantes. Desde 1880 el crecimiento poblacional fue vertiginoso, para el año 1914 la población había superado el millón y el promedio de habitantes por vivienda aumentó de 8,97 -en 1869- a 11,90. 


Inmigración 
Entre 1869 y 1887, se produjo la primera llegada masiva de inmigrantes a la ciudad, que para entonces contaba con buena capacidad habitacional. Sin embargo, el crecimiento desequilibrado al tiempo que benefició a una parte de las minorías porteñas, generó la marginación de determinados sectores sociales. Cuando la avalancha inmigratoria dio lugar al vertiginoso proceso de urbanización -que tuvo como resultado la tugurización de áreas centrales y la aparición de conventillos, slums y ranchos- el tema de la vivienda popular comenzó a inquietar el espíritu y la inteligencia de los argentinos. 

Coexistían entonces, la Argentina exportadora de cereales, carnes y frutos liderada por la burguesía terrateniente y la masa de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes, que generaba una nueva conciencia social. Su contenido ideológico se expresó no sólo en lo doméstico, sino también en las producciones artísticas (en la pintura, por ejemplo, se puede observar cómo de los apacibles retratos de Pueyrredón se pasa al inquietante “Sin pan y sin trabajo” de De la Cárcova).

Por otro lado, la trágica mortalidad generada por la fiebre amarilla de 1871 tuvo decisivo impacto en las urgencias por adoptar planteos higienistas que perfeccionaran los sistemas de infraestructura y equipamiento de los distritos centrales en las ciudades del litoral argentino (desde Buenos Aires a  Corrientes). 

A la vez, el déficit habitacional motivó el aumento de los alquileres y produjo que en 1907 los inquilinos se manifestaran con una prolongada huelga, lo que requirió la inminente supervisión del Estado. La alta concentración de la población producida por la llegada de grandes masas de inmigrantes a las ciudades que no estaban preparadas para recibirlos, hizo visible la falta de una política explícita para estos asentamientos. Es esta falta de planificación en política habitacional la que produjo una densificación y hacinamiento de los inmigrantes en un hábitat insalubre, que atentaba  contra el higienismo defendido e impulsado por el Dr. Rawson y Eduardo Wilde en este período.


Antecedentes de la vivienda social 
En este contexto surge el concepto de vivienda social, pero no fue hasta la década del ‘80 que el Municipio, a impulsos de Rawson y el intendente Torcuato de Alvear, intentó realizar el primer esfuerzo concreto por solucionar la problemática: como respuesta a este fenómeno, se construyeron barrios, conjuntos y las primeras “mansiones obreras”.

A través de la Municipalidad de Buenos Aires, por acción directa del Estado, se construyeron 3 barrios de viviendas económicas: 
  • El primero, diseñado por el arquitecto Juan Buschiazzo, fue construido en 1886 en el área que delimitan las calles Larrea, Azcuénaga, Melo y Las Heras, y se lo bautizó con el nombre de “Ciudad Obrera Municipal”. Si bien inicialmente fue pensado como residencia de los sectores obreros, el elevado precio del alquiler hizo que fueran los empleados con un nivel de ingresos medios los que accedieron a las 60 viviendas construidas. 
  • El “Barrio Butteler” fue construido en 1907, entre las calles Cobo, Senillosa, Zelarrayán y Av. La Plata, y contaba con 64 viviendas individuales.
  • El “Barrio Patricios” situado entre las calles Cachi, Arena, Aconcagua y San Francisco, tenía 116 viviendas individuales y se inauguró en el año del centenario (1910). 
  • Al mismo tiempo, la Cooperativa del Hogar Obrero fundada en 1905 construyó sus primeras 4 viviendas en 1907, en la calle Escalada 42 y 64, dos de las cuales actualmente se pueden encontrar con alguna modificación.
  • El primer antecedente de Ley relacionado a la vivienda social apareció con la sanción de la Ley de casas baratas en 1905, destinada a “obreros jornaleros o empleados de pequeños sueldos”. Durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña en (1910-1914), se autorizó al Banco Hipotecario Nacional (BHN) a otorgar préstamos para la vivienda y se creo la Comisión Nacional de Casas Baratas, que tuvo vigencia hasta 1945. 
  • Todas estas medidas resultaron insuficientes para paliar el déficit habitacional.

 

 

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